Entró en la habitación amparado por la oscuridad, caminando sigilosamente, casi como si no quisiera mover el aire a su alrededor. El silencio era tal que le hizo creer que el escándalo de su corazón golpeando contra su pecho lo delataría. Conocía el lugar, lo había frecuentado muchas veces, casi siempre en situaciones similares a la actual. Podía desenvolverse sin problemas en la penumbra, no era primera vez que lo hacía…
Pasó sus manos por su pantalón, el nerviosismo y las ansias las habían empapado en transpiración. Su respiración parecía la de un toro preparándose para embestir al matador.
A tientas buscó una herramienta que le facilitara su labor… encontró un cuchillo… Siguió caminando cada vez más lento, sabiendo que el más mínimo ruido lo delataría.
Su corazón ya casi se salía por su boca, resoplaba como una bestia enjaulada, un sudor frío corría por su frente, la adrenalina inundaba sus venas. Todo su ser se centraba en alcanzar su objetivo, sin ser detectado. Su mano temblaba mientras se estiraba para tomar la puerta, al alcanzarla su corazón se detuvo… ¿sería capaz realmente de continuar?
Al abrir la puerta un haz de luz rompió la oscuridad que lo envolvía, sus ojos sufrieron por el repentino resplandor… Su mano derecha se aferró con fuerza a la hoja de metal… aún estaba manchada por su último ataque…
Casi poseído por la excitación abrió la puerta de golpe y en un solo movimiento despedazó lo poco y nada de torta que quedaba en el refrigerador…
lunes, 18 de mayo de 2009
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Impulsos animales...
ResponderEliminarEstá bueno.
Un abrazo.
Fran.
holi
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