miércoles, 17 de diciembre de 2008

Recorte

Me siento mal... estoy cansado, cansado de este ir y venir sin sentido. ¿Por qué me levanté en la mañana?... tenía que venir a clases, saludar gente, sonreír, ocultar lo agotado que estoy. El día de ayer me superó, me dejó tambaleando, podría haberme tumbado simplemente. Me siento torpe… no he logrado en toda mi vida un vinculo emocional importante. Cuando deseo entregarme a alguien siempre cometo algún error…
A la mierda!!...
Sólo puedo estar solo… no merezco estar con alguien como tú… quisiera dormirme y no despertar más… por mucho que me esfuerzo no logro salirme de este maldito espejismo...

VIDA

Estaba en el sur con su familia, él ha vivido en varios lugares de chile, pero definitivamente ninguna zona captaba su atención como la novena región. Sus cerros verdes, sus prados verdes en invierno y ser testigo de cómo iban cambiando a color amarillo a medida que llegaba la época de la trilla… estaban en la casa de un tío que tenía un pequeño campo en las cercanías de Victoria, un pueblo pequeño y con olor a leña. Se celebraba el matrimonio de Javier, el hermano más joven de su madre.
…Andrés tenía una relación cercana con él a pesar de que se llevaban por varios años, pero él siempre se había sentido muy querido por el Papo… siendo la madre de Andrés la mayor de tres hermanos, su hijo había sido el primer sobrino, nieto, bis nieto y el encargado de poner apodos a todos los familiares…
Llegaron a la casa del Chicho temprano en la mañana… Andrés durmió un rato y después salió a caminar por el terreno de la casa, no quiso quedarse en la casa ya que todos dormían y sabía que si despertaba a alguien lo retarían. Estaba sentado en el pasto cuando vio que se acercaba uno de los inquilinos del campo con algo sobre sus hombros, a medida que se acercó pudo distinguir lo que cargaba, era un pequeño cordero blanco… El niño saltó del pasto y corrió hacia el trabajador, el cual al notar la emoción del pequeño, dejó al animal en el suelo y le hizo gestos a Andrés para que lentamente se acercara, para evitar que la mota de algodón se asustara.
Jugaron casi toda la tarde juntos…
Se tuvo que entrar porque empezaron a llegar los invitados al matrimonio… cenaron todos en el patio, en una mesa grande; como siempre los viejos se quedaron tomando vino y comiendo hasta altas horas de la madrugada, mientras las tías y una que otra abuela con más aguante se quedaron tomando café al lado de la estufa a leña… Andrés se quedó dormido en los brazos de su madrina y lo fueron a acostar sin que él se enterara siquiera.
Al día siguiente el niño salió corriendo al patio apenas despertó… recorrió todo el potrero, sin encontrar al corderito… apurado fue a buscar unas verduras a la cocina para ver si con esto lograba atraerlo, captar su atención…
-¿qué te pasa cabro?- le pregunto su tío.
-es que el cordero se perdió…- dijo con voz apagada.
-no po pavo si te lo comiste anoche- le dijo con una sonrisa, mientras golpeaba su vientre.
Parecía no haber escuchado, o no querer entender la realidad, la falta de tacto de este viejo… Andrés salió al patio, echó un vistazo al rededor, y todo tuvo sentido… la ausencia del animal, un machete, una fuente grande con “jalea”, la muralla salpicada de rojo y el barro ensangrentado, la cuerda amarrada a una viga que aún tenía una de las pezuñas traseras atada…
El grito despertó incluso a los que se habían dormido unas horas atrás…

Humo y sudor

Un viejo teléfono que sonaba distante lo despertó, bajó a tumbos la escalera y, sin ganas reales de hablar, levantó el auricular…

…Se mojó todo el chaleco con la cerveza, su mirada vibraba un poco, el humo de la habitación dificultaba en parte su respiración y el ruido de conversaciones, gritos y risas lo tenían mareado. Cada nota de Led Zeppelin lo hacía subir un poco más, lo alejaba de la realidad, las risas se hacían cada vez más débiles y los movimientos que ocurrían a su lado parecían estar desfasados con el bullicio del cuarto, pero a pesar de todo esto no se negaba cada vez que la ronda llegaba a sus manos. Cada quemada se sentía como una bocanada de aire al luchar por salir del agua, inflaba sus pulmones, sentía como se llenaban de humo y como este iba desconectando circuitos en su conciencia.
El vuelo fue cada vez más potente… ya no estaba dentro de la pieza, no quería irse del todo, luchaba por no subir más allá de su control… finalmente cerró los ojos y se rindió, cayendo desplomado en la alfombra llena de colillas.
Sintió como sus labios eran apresados y una lengua se metía dentro de su boca, abrió los ojos y al notar que era una mujer se relajó, dejándose llevar. Sus labios eran suaves, pero sus movimientos no; eran bruscos, impulsivos, casi torpes, pero muy apasionados… Poco a poco los trapos que cubrían sus cuerpos fueron quedando en el suelo… La excitación lo fue despertando un poco. Aún así la poca luz y el humo no le permitían distinguir más allá de una silueta perpendicular a su cuerpo… los movimientos se hacían cada vez más fuertes y rápidos, él tenía toda la espalda rasguñada, ella el cuello mordido y el sudor pegaba sus cuerpos. Sus respiraciones fueron acelerándose, casi sincronizadas, al igual que sus movimientos. La intensidad siguió aumentando hasta que de golpe ambos se detuvieron y ella cayó, exhausta, sobre él.
La abrazó y se quedó dormido esperando no arrepentirse cuando hubiera más luz, en unas horas más…

… -Alo??- dijo una voz débil y nerviosa…
era ella…

Sin titulo

Se le acercó de a poco, ella se notaba nerviosa. Han pasado gran parte de la noche juntos, nunca habían compartido tanto.
Afuera hacía frío…
La gente pasaba rápidamente por la ventana, ignorando lo que ocurría adentro. Él se quedó mirando hacía la calle, sin saber realmente qué hacer. Una aproximación directa podría asustarla, sería apresurado; pero tampoco podía ignorarla, ser indiferente a ella. Casi podía sentir su mirada, intentaba no demostrar su nerviosismo, mostrarse lo más seguro posible. No lo estaba logrando, la sangre teñía sus mejillas y respiraba entrecortado, cómo intentando no mover el aire, no romper el equilibrio que había.
Una decisión errada los dañaría a ambos, probablemente uno de los dos no lograría reponerse. No podía sacársela de la cabeza, ella captaba toda su atención.
Vio de reojo cómo ella se movía, parecía invitarlo a actuar. Su garganta se hizo un nudo, transpiraba, su respiración se aceleró, su corazón intentaba salir por su boca… Finalmente se armó de valor, tragó saliva y caminó hacia ella rápidamente, cómo para no tener tiempo para arrepentirse. Cerró los ojos, tenía los labios apretados, quería salir corriendo.
Se detuvo… La mano le temblaba... Estiró el brazo y abrió la ventana…
La abeja se perdió en la oscura noche… Su respiración fue calmándose y pudo concentrarse nuevamente en su libro.