Se le acercó de a poco, ella se notaba nerviosa. Han pasado gran parte de la noche juntos, nunca habían compartido tanto.
Afuera hacía frío…
La gente pasaba rápidamente por la ventana, ignorando lo que ocurría adentro. Él se quedó mirando hacía la calle, sin saber realmente qué hacer. Una aproximación directa podría asustarla, sería apresurado; pero tampoco podía ignorarla, ser indiferente a ella. Casi podía sentir su mirada, intentaba no demostrar su nerviosismo, mostrarse lo más seguro posible. No lo estaba logrando, la sangre teñía sus mejillas y respiraba entrecortado, cómo intentando no mover el aire, no romper el equilibrio que había.
Una decisión errada los dañaría a ambos, probablemente uno de los dos no lograría reponerse. No podía sacársela de la cabeza, ella captaba toda su atención.
Vio de reojo cómo ella se movía, parecía invitarlo a actuar. Su garganta se hizo un nudo, transpiraba, su respiración se aceleró, su corazón intentaba salir por su boca… Finalmente se armó de valor, tragó saliva y caminó hacia ella rápidamente, cómo para no tener tiempo para arrepentirse. Cerró los ojos, tenía los labios apretados, quería salir corriendo.
Se detuvo… La mano le temblaba... Estiró el brazo y abrió la ventana…
La abeja se perdió en la oscura noche… Su respiración fue calmándose y pudo concentrarse nuevamente en su libro.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario